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En crisis, sí, ¡pero juntos!

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A lo largo de esta cuarentena, la gran mayoría de nosotros (sino todos) hemos descubierto que podemos vivir perfectamente con un cuarto de lo que poseemos. Todo nuestro esfuerzo se ha enfocado en lo más importante: la comida, medicina y preservar nuestra salud en óptimas condiciones cada día. Así que, las prendas preciosas de vestir, los zapatos de moda, los lujos, los extras, los antojos, etc. Han sido reemplazados por escobas cómodas, cubetas que exprimen solas, paños de limpieza, pijamas cómodas, detergente, desinfectantes, y muchas recetas sacadas de internet y las de mi época de algunos de nuestros libros de cocina tradicional.

Hay una generación que ha ido desapareciendo, aquellos nacidos en la década de los 30 y alrededor; dentro de estos cuento a mi madre quien partió de este mundo en junio pasado con 89 años. Recuerdo perfectamente, como me contaba sobre lo que ella, sus padres, hermanos y sobrinos, vivieron durante la guerra. Estaban encerrados en el negocio familiar durante muchos días; sin energía eléctrica, sin suficiente comida, sin suficiente agua y sin suficiente espacio. El temor a que fuera saqueado su único medio de vida, -por encontrarse en el mismo centro de la av. Duarte, donde justo se libraban batallas diariamente- los llevó a dejar la casa que les brindaba mayor seguridad y cuidar su inversión. Finalmente, debieron ser rescatados por otros familiares en una pequeña pausa del tiroteo.

Hago esta referencia, porque los que tienen mi edad, nunca vivimos una situación parecida a la que ellos vivieron; crecimos con austeridad, nuestros padres no se atrevían a malgastar por temor a lo que pudiera pasar. Para ellos guardar para cualquier eventualidad tenía un significado más concreto que para nosotros y mucho menos para nuestros hijos. Ellos tenían herramientas de ahorro increíbles, todo lo aprovechaban, nada se desperdiciaba; lo banal era impensable. Siempre esta pregunta antecedía a todo lo que pedíamos o de lo que nos antojábamos: “Piensa bien, ¿lo necesitas realmente?”

Mi propuesta ante estas circunstancias de incertidumbre es que debemos conversar con la familia completa la situación que estamos viviendo, en un lenguaje comprensible para todos; en caso de niños pequeños, también deben entender el significado de una crisis, lo que debemos y podemos aportar cada uno de acuerdo a sus circunstancias, el valorar lo que tenemos y el ayudar en todo lo posible como parte de la familia a la que pertenecemos.

Las familias con hijos adolescentes y jóvenes adultos, tienen la ventaja de poder explicar más ampliamente la realidad de la familia, las ideas que tienen los padres para potencializar los recursos, las dificultades de pagos que se avecinan, el corte de algunos servicios en caso de llegar a ese extremo y escuchar lo que ellos tienen para decir y aportar. Nos sorprenderíamos de todas las geniales ideas de esta nueva generación para generar recursos: hacer postres para vender, pastelones, platos especiales, hacer servicios de delivery, trabajos online de medio tiempo,  ayudar más en casa, eximirnos de compras innecesarias, comprometerse a trabajar en verano y ayudar con algunos pagos, apoyar moralmente en lo que se pueda… pero lo más importante es saberse parte importante de esta familia que valora sus palabras, sus acciones y que reconoce sus debilidades como parte de sus fortalezas.

El valor de la unión en medio de las dificultades se quedará grabada en el corazón de los hijos y nunca olvidarán los sacrificios realizados, a todo lo que renunciaron, aquello que inventaron, el trabajo en equipo, el apoyo brindado de unos a otros, las palabras de aliento, los momentos de oración en familia. No recordarán los dulces, ni los juguetes, ni los regalos, ni los viajes, esto es lo que les acompañará siempre: La gran enseñanza que les dieron sus padres de que aún en medio de grandes dificultades no se pierde la fe, la esperanza ni la caridad; que nunca estamos solos pues nos tenemos los unos a los otros y que siempre habrá un nuevo día para volver a empezar.

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Lic. Regina Pérez de González.
Psicólogo Clínico, especialista en niños.

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