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El duelo en los niños

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El surgimiento de un virus que se ha convertido en pandemia, nos ha obligado a informarnos lo mejor posible acerca de cómo debemos cuidar nuestra salud y la de nuestra familia.

Hemos tomado todas y más medidas de precaución como nos aconsejan los profesionales de esta área.

Ya somos muchos, los que tenemos a algún familiar, amigo ó conocido, que se ha enfrentado a este virus.

Hay familias que han perdido a los abuelos, tíos, primos, hermanos, padres, etc. a raíz de complicaciones previas que al sumarse al virus han perdido la batalla. ¿Cómo podemos trabajar estas perdidas con nuestros hijos?

Las capacidades de los niños para entender la muerte varía de acuerdo a la edad y madurez del niño; lo más importante es ser honestos y crear un ambiente de confianza en el que sientan libertad para hacer cualquier pregunta que se les ocurra. Es posible que no tengamos todas las respuestas pero es válido que se lo digamos; muchas veces los calma el saberse escuchados y comprendidos.

Hasta aproximadamente los 6 años de edad, los niños tienden a ser muy concretos, les cuesta identificar lo abstracto, lo que no pueden ver, tocar, saborear, oler etc. por lo tanto, para explicarle a niños de estas edades que alguien cercano ha fallecido debemos utilizar un lenguaje igualmente concreto; por ejemplo: “Tu abuelito José murió porque estaba muuyy enfermo y su cuerpo ya no respondía a los tratamientos del médico.” Se le debe explicar que muerto o morir, significa que el cuerpo ya no funciona. Fíjense que hice hincapié en la palabra Muy, el propósito es, que el niño no relacione estar enfermito con la muerte. Sino que pueda comenzar a diferenciar entre estar normalmente enfermo y demasiado enfermo como para que el cuerpo deje de funcionar. Si el familiar ha muerto a causa de un accidente se le pudiera explicar que a causa de este horrible y triste accidente el cuerpo de esa persona dejó de funcionar.

Muchas veces, intentamos justificar ante los niños la muerte de un familiar cercano diciéndoles que Papa Dios se lo llevó, que están dormidos, que se fue a vivir con la abuela, etc. con estas excusas los podemos llevar a crear miedos a Dios, a dormir, a salir de la casa, etc. recordemos que a esta edad los niños son muy concretos, y no entienden a lo que nos estamos refiriendo cuando decimos esto.

Es probable que algunas de las preguntas giren alrededor de donde está ahora nuestro familiar; aquí entra una explicación acorde a nuestras creencias personales y familiares; si crees en Dios y en la vida eterna, debes hablarles del cielo y el lugar a donde va nuestra alma cuando fallecemos y a donde va el cuerpo; si no eres creyente puedes decirle que está en el cementerio que es el lugar a donde van las personas cuando su cuerpo ya no funciona.

Es a partir de los 6-7 años que los niños comienzan a ver la muerte como algo realmente definitivo; aquí debemos dar explicaciones simples, claras y precisas sobre lo que ha ocurrido.

Muchas veces se me consulta sobre si se debe llevar a un niño o no al funeral; pienso que siempre es bueno dejar que participen en los rituales funerarios en unión a su familia, sintiéndose parte importante de la misma; sin embargo, es muy importante explicarles lo que va a pasar en estos rituales paso a paso y permitir que ellos decidan si quieren asistir o no. Si los adultos están en un estado emocional que les podría impedir asistir a los niños con paciencia, afecto, seguridad y disponibles para responder preguntas, es preferible que no asistan.

Que nuestros hijos nos vean tristes, llorando, y con dolor es parte de la vida y les modelamos que a veces podemos sentirnos así y es válido; también es importante que sepan que no están solos y que la familia seguirá cuidándoles y amándoles siempre.

En caso de observar cambios en el comportamiento de los niños que nos lleven a preocupación y sospechemos que no están manejando la pérdida adecuadamente, no dudemos a consultar con psicólogo infantil o especialista en duelos en niños.

Lic. Regina Pérez de González.
Psicólogo Clínico, especialista en niños.

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